Fernando
VII de Borbón (San
Lorenzo de El Escorial, 14 de
octubre de 1784 - Madrid, 29 de septiembre de 1833),
llamado el Deseado o el
Rey Felón, fue rey de
España entre marzo y mayo de 1808 y,
tras la expulsión del «rey intruso» José
I Bonaparte, nuevamente desde diciembre de 1813
hasta su muerte, exceptuando un breve intervalo en 1823, en que fue destituido por el Consejo de Regencia.
Hijo y
sucesor de Carlos IV y de María
Luisa de Parma, depuestos por obra de sus partidarios en el Motín de Aranjuez, pocos monarcas
disfrutaron de tanta confianza y popularidad iniciales por parte del pueblo
español. Obligado a abdicar en
Bayona, pasó toda la Guerra de
Independencia preso en Valençay, siendo reconocido como el legítimo
rey de España por las diversas juntas, el Consejo
de Regencia y las Cortes de Cádiz. Con la derrota de los
ejércitos napoleónicos y la expulsión de José Bonaparte, Napoleón le devolvió
el trono de España (Tratado de Valençay). Sin embargo, el Deseado pronto se reveló como un soberano absolutista,
y uno de los que menos satisfizo los deseos de sus súbditos, que lo
consideraban sin escrúpulos, vengativo y traicionero. Rodeado de una camarilla
de aduladores, su política se orientó en buena medida a su propia
supervivencia.
Entre 1814 y 1820 restauró el absolutismo, derogando la Constitución de Cádiz
y persiguiendo a los liberales. Tras seis años de guerra, el país y la Hacienda estaban
devastados, y los sucesivos gobiernos fernandinos no lograron restablecer la
situación.
En 1820 un
pronunciamiento militar dio
inicio al llamado Trienio
Liberal, durante el cual se restablecieron la Constitución y los
decretos de Cádiz, produciéndose una nueva desamortización.
A medida que los liberales moderados eran desplazados por los exaltados, el
rey, que aparentaba acatar el régimen constitucional, conspiraba para
restablecer el absolutismo, lo que se logró tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en1823.
La última
fase de su reinado, la llamada Década
Ominosa, se caracterizó por una feroz represión de los exaltados, acompañada de
una política absolutista moderada o incluso liberal
doctrinaria que provocó un
profundo descontento en los círculos absolutistas, que formaron partido en
torno al infante Carlos María Isidro. A ello se unió el
problema sucesorio, sentando las bases de la Primera Guerra
Carlista, que estallaría con la muerte de Fernando y el ascenso al trono de su
hija Isabel II, no reconocida
como heredera por el infante Carlos.
Fernando
VII ha merecido por parte de los historiadores un unánime juicio negativo,
pasando a los anales de la historia de España como el Rey Felón.
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